LOS BIOCOMBUSTIBLES: FALSAS SOLUCIONES QUE AHONDAN LOS PROBLEMAS
Los biocombustibles irrumpen en el mundo (rompiendo, arrollando…).
(Queremos) soberanía alimentaria, no biocombustibles. Gasolina contra alimentos. La UE se ha comprometido[1][1] a la reducción de las emisiones de gases con efecto invernadero (CO2). Para ello ha tomado medidas de política energética que promueven un aumento significativo del uso de biocombustibles en el transporte, desarrollando una intensa campaña publicitaria para presentar los biocombustibles como alternativas ambientalmente sostenibles que ayudarían a combatir el cambio climático. Las organizaciones y colectivos sociales abajo firmantes, ante los proyectos de producción a gran escala de los biocombustibles para así “intentar satisfacer sustentablemente” el consumo desmedido de gasolina y gasoil con destino al transporte, y contribuir con ello a la mitigación del cambio climático, manifestamos públicamente nuestras resistencias a la importación de la materia prima para la producción de biocombustibles y a la importación de biocombustibles producidos en los países del sur. La UE, en su reciente plan energético, promueve el uso de biocombustibles[2][2] para el transporte y la producción de energía, sin priorizar la reducción del consumo ni la mejora de la eficiencia energética. Implica la mezcla[3][3] con la gasolina y con el gasoil del bioetanol y del biodiesel respectivamente, obtenidos estos de la caña de azúcar, remolacha y cereales (maíz principalmente), palma aceitera y semillas oleaginosas (soja, girasol,..). Alcanzar los umbrales de sustitución señalados significará una demanda masiva de biocombustibles que la UE no podrá producir[4][4]. Por ello, gran parte de la materia prima necesaria para la producción del biocombustible provendrá de monocultivos de los países del sur, causa de despoblamiento rural y deforestación y engranándose su producción en el modelo agroindustrial que sienta sus bases en un productivismo sin límites. Ello tendrá consecuencias medioambientales y sociales que no se están teniendo en cuenta a la hora de adoptar estas estratégicas decisiones. Entre ellas, señalamos las siguientes: Su modelo de producción se basa en el uso de grandes cantidades de fertilizantes y pesticidas, requiere de considerables extensiones de tierra, alta mecanización, aportes externos de capital que deben ser reembolsados, además de propiciar la completa subordinación de las comunidades locales campesinas e indígenas a los intereses económicos de las corporaciones energéticas y agroindustriales. La expansión de las fronteras agrícolas que su producción conlleva –nuevas roturaciones de superficies de cultivo- implican deforestaciones, contaminación y degradación de suelos, contaminación y agotamiento de acuíferos y erosión - pérdida de la diversidad genética (biodiversidad). La utilización en su cultivo de semillas transgénicas[5][5] y el uso abusivo de agua, herbicidas y demás agrotóxicos, afecta significativamente a la salud humana y animal. La pérdida por los campesinos del control sobre la producción, dependiendo permanentemente de tecnologías e insumos externos al territorio donde se producen. Más conflictos por la tierra[6][6] necesaria para su producción, más desempleo, el empobrecimiento y desalojo de la población rural y el consecuente desplazamiento de los campesinos empobrecidos a las periferias de las grandes ciudades (migración de la población rural). El aumento de los precios de los alimentos (¡la etanoinflación de México!) y reducción de la soberanía alimentaria. La construcción de infraestructuras (represas, hidrovías, puertos y carreteras) orientadas a facilitar la exportación de las materias primas (no así el desarrollo endógeno) con los consiguientes impactos sobre el medio ambiente. La reducción de la superficie agrícola dedicada a la producción de alimentos, socavando la soberanía y la seguridad alimentaria local e internacional y provocando escasez de alimentos. Estas consecuencias o no son tenidas en cuenta o son subestimadas por los políticos y burócratas de la UE (Bruselas) cuando diseñan, a instancias de las grandes corporaciones de la energía y el agrobussines, las políticas que promueven la importación masiva de biocombustibles de los países del Sur. Cínicamente, la UE proclama que la producción de biocombustibles promoverá el desarrollo rural, creando ingresos y empleos para los campesinos en los países productores. Los biocombustibles producidos a partir de los (mono) cultivos energéticos son presentados ante la sociedad como la alternativa energética renovable que reducirá las emisiones de CO2, que aminorará la factura del petróleo y que a su vez generará desarrollo y empleos, especialmente en las zonas rurales. Sin embargo, los cultivos energéticos tal y como se contempla su producción e industrialización son una nueva falacia, utilizando el discurso medioambiental para seguir perpetuando el modelo desarrollista[7][7] que tantos quebraderos de cabeza esta creando en la sociedad, especialmente a los personas que mas lo sufren, las dos terceras partes de la humanidad. En Asturias también tenemos nuestra cuota de responsabilidad en detener esta grave amenaza que avanza rápidamente, impulsada, más que por representar una alternativa sostenible al desmesurado consumo de petróleo (energías fósiles), por ser un negocio y estar basada en la expoliación de las materias primas y explotación-destrucción de territorios ajenos. En Asturias son 3 las plantas de producción de biocombustibles (modelo monocultivos agroenergéticos) que están en fase de proyecto-estudio[8], sumando una producción prevista acumulada de más de medio millón de toneladas de biodiesel al año. Además, el puerto de El Musel[9] servirá de entrada para decenas de miles de toneladas anuales de cereales que se destinaran a la producción de bioetanol (Abengoa en Salamanca). Señalar que las plantas proyectadas para ser ubicadas en Asturias necesitarán, ellas solas, para abastecerse, del equivalente (en otros territorios…..) de toda la superficie agrícola útil de Asturias plantada de monocultivos “energéticos”. Su instalación requiere de autorizaciones previas, evaluaciones de su impacto ambiental y, ¡como no!, de ayudas directas con presupuestos públicos. ¿Es apoyar la instalación de esas plantas de producción de biodiesel la opción más conveniente para reorientar la producción de combustibles-energía hacia modelos sustentables y universalizables (no excluyentes)? No tenemos una respuesta favorable y por ello demandamos a las autoridades asturianas (gobierno regional, gobiernos locales) con competencia en la materia y gestoras de presupuestos públicos que adopten una moratoria sobre su instalación mientras no se revise, teniendo en cuenta los impactos sociales, mediambientales, territoriales y humanos señalados, las directrices energéticas guiadas por la reducción del consumo y la eficiencia energética. Y es por ello que exigimos la abolición de los objetivos obligatorios establecidos por la UE para los biocombustibles y cambios en los objetivos para reducir el consumo de energía y promover fuentes genuinas de energía sustentable en la UE, así como la derogación de las ayudas públicas[10][8] al fomento de los monocultivos industriales para la producción de biocombustibles y la supresión inmediata de todos los subsidios y otras formas de apoyo desigual a la importación y exportación de biocombustibles. Por el contrario, los esfuerzos deberían centrase en una reducción drástica del consumo energético y en el apoyo a energías renovables verdaderamente sustentable. Las políticas de promoción de los biocombustibles no se plantean cambiar el modelo de producción insostenible de energía destinada a un consumo insostenible y no harán más que agregar nuevos problemas y profundizar los ya existentes. Su peor pecado es que se disfrazan de solución[11][9]. La solución al problema del cambio climático generado por los países del Norte no puede pasar por la creación de nuevos problemas, tanto en el Norte como en el Sur. La UE tiene la responsabilidad de buscar soluciones que no agraven la ya dramática situación social y ambiental en que viven las dos terceras partes de la humanidad. Dicho de otra manera: el capitalismo contra el planeta. [2][2] Aclaramos que los biocombustibles en sí no son el problema. Es más, dentro de un enfoque social y ambientalmente adecuado pueden servir para satisfacer parte de las necesidades energéticas de nuestros países y en particular de las comunidades locales. El problema central es el modelo en el que se los pretende implementar, caracterizado por la gran escala, el monocultivo, el uso masivo de insumos externos, la utilización de transgenicos, la mecanización y su exportación para alimentar el consumo desmedido de energía que se realiza en el Norte. [3][3] La UE se ha fijado como objetivo que el 5,75% de la energía utilizada en el transporte en el 2010 y el 12,5% en el 2020 proceda de los biocombustibles obtenidos a partir de cultivos energéticos. Un objetivo, que incluye el anterior de los biocombustibles, es alcanzar en el 2020 el 20% de las energías renovables como suministro energético. [4][4] Es inviable que la UE logre ser autosuficiente en la producción de biocombustibles a partir de la producciones nacional de cultivos energéticos por lo que es casi seguro que lo haga a costa de las tierras de las que depende la soberanía alimentaria de los países del Sur. La OCDE calcula que alcanzar dichos objetivos de sustitución de “petróleo por biocombustibles” con la producción interior -cultivos en la UE- requiere que el 70% de la superficie cultivada de la UE se dedique a dichas finalidades. Siendo inviable para la UE emplear semejante cantidad de tierra para la producción de la materia prima, recurrirá a su importación. Las multinacionales del petróleo (Repsol, Total, British Petroleum, Petrobras, Shell, etc.) y de los agronegocios (Cargill, Bunge, Monsanto, Syngente, etc.) apoyan e impulsan fuertemente estas políticas. [5][5] Ya están generalizadas las de soja y maíz. En Brasil se plantea introducir en el mercado variedades transgénicas de caña de azúcar, principal cultivo-fuente de biocombustible etanol en dicho país. [6][6] Las plantaciones de la palma aceitera se expanden a expensas de las selvas y territorios de poblaciones indígenas y otras comunidades tradicionales de Colombia, Ecuador, Indonesia y otros países, crecientemente orientados a la producción de biodiesel para satisfacer “a buen precio” las necesidades de consumo energético de los países del Norte. [7][7] El crecimiento ilimitado de la economía no es compatible con el equilibrio ecológico y mucho menos con el progreso social. El modelo de crecimiento ilimitado, uno de sus pilares principales es el consumo creciente y despilfarrador de energías fósiles –y por ello no renovables, limitadas, escasas-, genera desigualdades sociales y deterioros medioambientales. [8] El grupo Jiménez Belinchon en el Musel-Gijón. Duro Felguera en La Figar-El Museo-Gijon y el grupo Daniel Alonso junto al puerto de Avilés. Su entrada en funcionamiento se prevé para el año 2009. [9] El Musel “compite” con mucha dificultad (infraestructuras inadecuadas para el almacenamiento de granos y materias primas alimentarias) con los demás puertos de la vertiente atlántica (Bilbao, Santander, La Coruña, Vigo,..) en el abastecimiento de materias primas (cereales forrajeros, torta y habas de soja, etc) a la potente industria de fabricación de piensos compuestos para la alimentación animal. En España se importaron aproximadamente 9 millones de toneladas de cereales y 7 millones de turtos+ habas de soja en el año 2003. Los proyectos de producción de biocombustibles a partir de materias primas de importación profundizarían los modelos agroexportadores de materias primas del sur al norte. [10][8] La UE fomenta los cultivos energéticos mediante una ayuda a tanto alzado de 45 €/ha. Esta ayuda está actualmente limitada a 1.500.000 ha para toda la Unión. Esta superficie no se ha alcanzado hasta ahora, sin embargo, la Comisión Europea ha previsto aumentarla a 2 millones de ha debido a la ampliación de esta ayuda a los nuevos Estados Miembros. Esta ayuda está supeditada a que el agricultor firme un contrato con la empresa que se responsabilice de la transformación del producto en biocarburante y a la entrega del producto a la misma. Los contratos estipulan el precio acordado y en algunos casos pueden incluir cláusulas de revisión en función de diversos factores, como el precio del petróleo. [11][9] Informe del MWR (Movimiento Mundial por los Bosques).
Cambalache. Picu Rabicu. Arcu La Vieya. Ecologistas en Acción. Coordinadora Ecoloxista d´Asturies, Acsur-Las Segovias. Soldepaz.Pachakuti. COSAL.

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